Vallenatos de leyenda: de vuelta a los orígenes  

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Por Uriel Ariza-Urbina

El último de los cantantes legendarios de la música vallenata, Poncho Zuleta, publicó un tuit en fecha reciente en el que propone invitar a un cantante de estilo moderno para grabar a dúo una canción costumbrista y así salvaguardar la raíz de este folclor. La petición de Zuleta es prudente y propicia para recordar cómo la fuente original de esta música es y seguirá siendo la base de su grandeza y vigencia en el tiempo. No en vano es Patrimonio Cultural e inmaterial de la Humanidad, un reconocimiento para reafirmar la importancia del impacto social y cultural en la vida de una región y el país.La composición del vallenato más primitivo, surgida de las sabanas de la provincia de Padilla y Valledupar hace más de un siglo, debió ser la más grandiosa, pero no hay registros de ella. Sin embargo, los cantos que les siguieron conservaron su secreto, y hoy son las historias más perdurables de una música que, a pesar de haber cambiado con los años, ya tiene grabadas para la posteridad las letras y melodías que sobreviven a las modas, las nuevas figuras y la máquina publicitaria. En la actualidad existe una corriente de compositores fieles al estilo costumbrista-romántico con cantos exitosos, un signo de que se mantiene tan saludable como el primer día. 

El mérito del vallenato que llamamos ‘clásico’ está en haber surgido del placer de contar una historia, una anécdota, un amor o una desventura. La mayor pretensión era llevarla a cuanta comarca se pudiera para compartirla con amigos y extraños. Versos simples y dicientes que cautivaron a una región sumida en la soledad y el abandono, y cuyos cantos le dieron la libertad. Los tiempos son distintos, pero la esencia de la música no tiene necesariamente que deformarse para seguir actual, porque pierde su gracia y se vuelve efímera. La música de raíz folclórica tiene una ventaja sobre los ritmos modernos: no necesita tomar nada prestado y por eso resiste al tiempo. Ahí reside su magia para cautivar a gente de todas las edades durante generaciones.

Hoy el vallenato ha tomado un rumbo distinto, producto de los cambios culturales y los valores de la sociedad, pero parece estar alejándose de sus raíces a un ritmo acelerado, perdiendo sus bases naturales. Una razón más para escuchar la propuesta de Poncho Zuleta y otros artistas, como Marciano Martínez, de volver a la raíz, con los cambios propios de toda música. Aquí evocamos algunos cantos de leyenda (sin orden de importancia) de una rica y larga lista. Son canciones que hoy corea todo el mundo con el mismo entusiasmo de sus años más gloriosos, cada vez que se quiere expresar el amor y la alegría por la música vallenata.             

Paisaje de sol -Gustavo Gutiérrez-

El compositor romántico por excelencia de la música vallenata es Gustavo Gutiérrez. Creció en la época de oro de la composición, en la que se cantaban crónicas de la vida provinciana. Pero Gutiérrez se inspiró en el encanto y la nostalgia del paisaje de su tierra, la amistad, las penas y anhelos del corazón. Uno de sus cantos más emblemáticos nació de la fuerza del paisaje que ha alimentado su composición durante más de 50 años: Paisaje de sol, un paseo sentido en la que se entrelazan la amistad, las costumbres pueblerinas y los rasgos del alma de su compositor.

Dame tu mano mi amigo, que quiero saludarte

Desde hace un tiempo que busco la forma para hablarte

Ven y charlemos de cosas que nos traerán recuerdos

Coplas de viejos caminos que enmarcan a mi pueblo

Pueblo de mis cuitas, de realidades que en ti creció

Toda la grandeza y un gran destino que Dios te dio.

 El testamento – Rafael Escalona-

Rafael Escalona es el compositor vallenato más célebre y universal de esta música. En los años 50, mientras estudiaba en Santa Marta, conoció a una encantadora joven de La Guajira y quedó flechado a primera vista: ‘Vevita’ Manjarrés. No se la presentaron, así que se quedó viéndola desde un rincón y le llegó la inspiración. El testamento describe una época del Magdalena Grande a través de la súplica de amor de un hombre que puede morir en el intento si no es correspondido. La orgullosa dama nunca cedió al romance, pero su desplante dejó una canción inmortal del folclor colombiano.

“Oye morenita te vas a quedar muy sola

porque anoche dijo el radio que abrieron el Liceo

Como es estudiante ya se va Escalona

pero de recuerdo te deja un paseo

Que dice todo lo que yo siento,

que es pura nostalgia y sentimiento”

 La gota fría -Emiliano Zuleta-

 La piquería más larga y famosa del vallenato nació hace más de 80 años. El joven Emiliano Zuleta llegó a Guacoche, cerca de Valledupar, donde tocaba Lorenzo Morales. Zuleta quedó impresionado y le pidió prestado el acordeón. Los presentes le dieron el visto bueno a la ejecución del muchacho, pero Morales se puso celoso. Allí empezó todo. En adelante, los músicos tuvieron varios encuentros que se hicieron legendarios por las diatribas de sus versos, y luego se hicieron universales en la interpretación de Carlos Vives.

Acordate Moralito de aquel dí­a
que estuviste en Urumita
y no quisiste hacer parranda
Te fuiste de mañanita
sería de la misma rabia (bis)

Alicia adorada -Juancho Polo Valencia-

Juancho Polo salió de su casa a buscar una medicina para su mujer y cuando regresó, tres días después de parrandas, ella había muerto. La pena y la culpa fueron tan devastadoras que Juancho Polo buscó alivio en una canción: Alicia adorada, el lamento más conmovedor de la música vallenata. Y como su única intención era hallar consuelo, se volvió más bebedor, bohemio y errático, cantando su dolor adonde llegara. Fue Alejo Durán quien tomó su canto y lo dio a conocer con su nombre, y más tarde la grabaron el propio Juancho Polo, Jorge Oñate y Carlos Vives.

Como Dios en la Tierra no tiene amigos

Como no tiene amigos anda en el aire

Tanto le pido y le pido ¡ay hombe!            

Siempre me manda mis males…

Oye mi Alicia, Alicia adorada

Yo te recuerdo en todas mis parrandas.

 Matilde Lina -Leandro Díaz-

En 1970 el acordeonero Toño Salas invitó a Leandro Díaz a una fiesta en Manaure, Cesar. Leandro escuchó la voz melodiosa de una dama y le preguntó su nombre. Matilde Lina, cuñada de Toño Salas y pariente de la ‘Vieja’ Sara. Quedó tocado en su alma y le prometió visitarla en su tierra, El Plan. Allí fue, y le cantó una canción. Matilde Lina estaba contenta con aquel poema de versos cortos, pero el amor entre los dos era imposible. Ella estaba casada y con 4 hijos, y Leandro ya tenía 10 retoños. Leandro empezó a cantar Matilde Lina con Toño Salas, hasta que Alfredo Gutiérrez la grabó y la hizo célebre.

Un mediodía que estuve pensando (bis)

en la mujer que me hacía soñar

Las aguas claras del río Tocaimo

me dieron fuerzas para cantar

Llegó de pronto a mi pensamiento

esta bella melodía

Y como nada tenía, la aproveché en el momento.

Ausencia sentimental -Rafael Manjarrez-

Ausencia sentimental parece haber sido compuesta en otro tiempo para aliviar la nostalgia de un provinciano lejos de su tierra y sus amigos, pero terminó siendo un canto imperecedero en el folclor vallenato. Rafael Manjarrez estudiaba derecho en Bogotá y cuando se acercaba la fecha del Festival Vallenato, se dio cuenta que no tenía los medios para viajar, mientras sus compañeros alistaban sus maletas con alegrías. El recuerdo de las fiestas le llegaron en tropel y le abrumaron. Manjarrez evoca un viaje sentimental por las costumbres alrededor del más grandioso festejo del acordeón, sus cantos y personajes. La canción no tardó en volverse el himno del Festival de la Leyenda Vallenata, por los siglos de los siglos.

Ya comienza el festival, vinieron a invitarme

Ya se van los provincianos que estudian conmigo

Ayer tarde que volvieron preferí negarme

Pa’no tener que contarle a nadie mis motivos

Yo que me muero por ir y es mi deber quedarme

Me quedo en la capital por cosas del destino

Tiempos de la cometa -Fredy Molina

En los años más fecundos del vallenato surgieron los cantos del patillalero Fredy Molina quien, a pesar de haber fallecido a los 27 años, dejó una obra propia de un juglar. Entre su rico poemario musical está uno de sus cantos más sonados, junto con Amor sensible. Tiempos de cometa evoca la infancia del autor, en la que añora con nostalgia los tiempos felices que ya no volverán. El tema fue grabado en 1972 por Los Hermanos López con Jorge Oñate, y marcó una época. Hoy se suele traer la nostalgia de épocas pasadas de la región guajira y vallenata con Tiempos de la cometa.

No volverán los tiempos de la cometa

Cuando yo niño, brisas pedía a San Lorenzo

Mariposa en la malena, sus casimbas son recuerdos

Y el profesor que me pega por llegar tarde al colegio

Sombra perdida -Rita Fernández Padilla-

Sombra perdida es el primer gran éxito romántico de una poeta vallenata desde los inicios de esta música hace más de 100 años. Su autora, la pianista, compositora y cantante, la juglaresa nacida en Santa Marta, Rita Fernández Padilla, ya había irrumpido en la primera versión del Festival Vallenato en 1968, con su grupo Las Universitarias, una presentación que movió los cimientos de la música vallenata. La maestra Fernández Padilla ya tenía algunos éxitos como Amor y penas, de Alfredo Gutiérrez y Tierra blanda, de Jorge Oñate. Sombra perdida fue grabada por el Binomio de Oro, Rafael Orozco e Israel Romero en los años 80, su época más brillante, y hoy es un clásico.

Que fuiste tu para mi (Coro).
Un grito que se ahogo en la distancia un sol que murió con las tardes.
Un cielo colmado de estrellas en noches veranera fuiste tu para mi.(Coro).
Tu fuiste un ave de paso que vino a posar en mi vida
Hoy solo eres sombra perdida vagando en recuerdos de ayer (BIS).

Estas canciones aparecieron hace más de 30, 40 y 50 años, y cuando se cantan parecen de hoy, porque la exaltación del espíritu por los cantos vallenatos nunca ha sido una moda, sino producto de una costumbre social transmitida de generación en generación. Y tal vez no haya una expresión cultural que una tanto a una región, por encima de las ideologías, el dinero y el arrebato por la tecnología moderna, que el folclor vallenato. Y eso es bueno en una nación dividida entre la guerra y la paz.

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