LA MÚSICA EN EL AIRE

0
478

*Por Uriel Ariza-Urbina

 Sin el trabajo de una entidad recaudadora que proteja los derechos de autores y compositores, la actividad creadora perdería su otra motivación: la remuneración económica.  

Rafael Escalona compuso El hambre del liceo para contar sus penurias estudiantiles en Santa Marta, Jairo Varela escribió Cali pachanguero para exaltar la alegría de su ciudad, Lucho Bermúdez compuso Carmen de Bolívar como homenaje a su tierra, Wilson Choperena escribió La Pollera Colorá para cortejar a una morena exuberante, José A. Morales escribió Pueblito viejo para expresar su nostalgia…, por no citar cien canciones más, y no menos importantes, que hacen parte del inventario emocional de los colombianos.

Pero los compositores no viven solo del orgullo de sus creaciones, alguien debe pagar por gozar y lucrarse de su trabajo intelectual. Y alguien debe recaudar y distribuir esos beneficios a los autores y compositores, a la vez que se protegen y se hace valer sus derechos patrimoniales. No estamos en los tiempos en que los  maestros Leandro Díaz y Pedro Laza eran felices de solo saber que sus historias se cantaban y sonaban en sus comarcas.

Un reconocido compositor de las riberas del Caribe, que prefirió no dar su nombre, me dijo una vez que cuando terminaba una canción sentía el ‘cansancio del poeta’, un sentimiento propio al ‘parir’ una obra. Y al escuchar sus canciones en un bar o en un establecimiento comercial, sentía alegría y celo. Alegría de compartir su creación con la gente, y celo porque quien está usando su obra, tal vez no esté pagando lo justo por ella.

En Colombia, quien vela por proteger a los creadores de obras musicales es la Sociedad de Autores y Compositores de Colombia -SAYCO-, que representa al 98 por ciento de los compositores nacionales, y la única sociedad reconocida por la Dirección Nacional de Derechos de Autor. Sin el trabajo de esta entidad, sería imposible que los más de 9000 autores nacionales afiliados reciban una compensación económica periódica, en proporción a la difusión de sus obras, tal como lo reconocen los propios compositores.

Sin embargo, en este país hay más críticos que compositores, y en desconocimiento de la realidad de los derechos de autor y la distribución de sus beneficios, se distorsiona la verdad, lastimando la moral y dignidad de los compositores. Asaltados en su buena fe, algunos autores son manipulados para hacerle perder legitimidad a la entidad que los representa, o sea Sayco.

Medios y redes sociales han venido difundiendo videos relacionados con ciertas quejas de algunos compositores, quienes al darse cuenta de su error salen luego a rectificar la información. Hay tres casos recientes que merecen todo el rechazo, porque no le hacen bien a los compositores, la razón de ser del recaudo y la distribución de los derechos de autor en Colombia.

El primero de ellos es sobre el maestro Wilson Choperena, fallecido en 2011 y autor con el clarinetista Juan Madera de la célebre Pollera colorá. Su viuda, la señora Carmen de Choperena, aclaró que “Sayco nunca nos ha abandonado, ni en vida del maestro ni después de fallecido…”. Y quebrada por la emoción, dijo: “Cuando el maestro estuvo enfermo siempre estuvieron muy pendientes”.

El segundo caso cuenta una noticia falsa del compositor barranquillero Juvenal Viloria, autor de La Saporrita y la Hamaca rayá, entre otras. Viloria fue enfático: “No estoy de acuerdo con aquella versión de que Sayco no me da un peso por La saporrita. Estoy muy satisfecho con mi sociedad, porque con ese dinero que me da (Sayco) mensualmente, suplo las necesidades de mi hogar”.

Y por último, el maestro de música vallenata, Rafael Valencia, autor de la picaresca elegía La caja negra, se vio involucrado a sus 80 años en un hecho indignante. Feliz, y narrando su vida parrandera y mujeriega, Valencia confesó: “Aprovecho este momento para pedirle disculpas a Sayco…, me sacaron palabras y me hicieron un montaje…Tengo como 40 años de estar dependiendo de Sayco”.

Como es natural, hay compositores que en la legítima defensa de sus obras no están de acuerdo con su remuneración. No obstante, todo autor es consciente de que la retribución económica no depende del carácter caprichoso y subjetivo de si una canción es mejor o más importante que otra. Se basa en el monitoreo de su emisión pública y su posicionamiento en el mercado.

Una canción puede llevar más de tres décadas desde su publicación, pero gracias a su remembranza es revivida cada año, alcanzando incluso mayor difusión que obras más recientes. Es el caso de “Ausencia sentimental”, que se renueva con el Festival de la Leyenda Vallenata; “Frutos del Carnaval”, con el Carnaval de Barranquilla, o “Mi tierra”, con el Festival de las Flores en Medellín, por citar los ejemplos más sonoros.

La gente se indigna, con razón, cuando se entera de que un compositor de éxitos en el pasado está en la pobreza, y sin elementos de juicio señalan siempre a Sayco como culpable. Olvidamos que los artistas llevan una vida oficial y una vida privada, y esta última es responsabilidad de su protagonista. La condición económica de un compositor no necesariamente es una consecuencia directa de los beneficios que recibe por parte de la entidad que recauda y protege sus derechos.

No es un secreto que Sayco hace un esfuerzo logístico para que se respete el fruto del esfuerzo creativo de los autores y compositores de Colombia. Por eso, el más justo y merecido reconocimiento con estos hacedores de cultura es el pago por el uso de sus obras, porque la música no se puede quedar en el aire, como la casa de ensueño de Escalona.

*El autor es Premio Nacional de Crónica Juan Rulfo y Premio de Crónica Ciudad de Bogotá.